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sep 13

Chansonette Buck: “el español es el idioma de mi corazón”

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Foto: cortesía de su autora

Chansonette Buck pasó su infancia “on the road” como hijastra de un poeta de Black Mountain, viviendo por todo el Oeste Americano, en Inglaterra y España. Obtuvo un doctorado en Inglés por la University of California, Berkeley, donde se concentró en la poesía y poéticas del siglo XX y escribió una tesis sobre los traumas de la niñez como fuente de las obsesiones poéticas en William Carlos Williams. Ella tiene una BFA en pintura por el Massachusetts College of Art, y ha recibido diversos premios por su arte visual, su poesía y su enseñanza. Capítulos de su libro de memorias Unnecessary Turns: Growing Up Beat han sido publicados en Why We Ride: Women Writers on the Horses in Their Lives (Seal Press, May 2010) y en Polarity eMagazine (Otoño, 2010). Su primer libro de poemas, blood oranges (NightBallet Press, 2011), fue nominado para un Pushcart Prize. Recientemente Crisis Chronicles Press publicó su poemario desire lines. Ella vive en Berkeley con su familia, su boa constrictora y muchos gatos y perros.

mí la poesía cuando escribo, y la otra cuando leo. Escribir poesía, es una manera de habitar y evocar la intersección entre la vida vivida en el cuerpo y 

Rafael Ayala Páez: ¿Qué es la poesía para Chansonette Buck?

Chansonette Buck: Tengo dos respuestas a esto, una es lo que significa para mí la poesía cuando escribo, y la otra cuando leo. Escribir poesía, es una manera de habitar y evocar la intersección entre la vida vivida en el cuerpo y el ser divino que trasciende y contiene esa vida. Es una respuesta a los sentimientos profundos, de gran alcance en un momento en que no se puede expresar de otra manera, sin embargo deben ser expresados. Es la obediencia a la llamada de una línea o ritmo que se presenta en la mente/cuerpo para ser escrito, y es el resultado de esa obediencia. Es un intento de llegar al núcleo de lo que realmente me importa, y evocar ese núcleo en unas líneas para que otros puedan experimentarlo.  Es la intersección entre lo autobiográfico y universal.  Es una respuesta a la belleza, o el dolor, o la alegría, o de algo que golpea mi sentido del humor. Es una forma que decide venir a mí en su momento y en su propia manera. Es un lugar de absoluta libertad. Si estoy leyendo poesía, es un lugar de consuelo, maravilla, meditación, y una forma de experimentar el mundo, su música y visiones, a través de la mirada de alguien más.

RAP: Desde su punto de vista: ¿Qué puede reflejar el poema?

CB: Pienso en un poema como un espejo momentáneo de la conciencia del poeta. El poema puede reflejar todo. En cuanto a mí respecta no existen límites en lo que es posible en la poesía o qué tema es más adecuado. Esa es una de las razones por la que me encanta tanto.  Se puede hacer un poema de cualquier cosa. Tengo un poema, pienso que es un poema “encontrado” -construido íntegramente a partir de una conversación que escuché en el Starbucks entre un experimentado carpintero y un joven contratista, sobre lo idiota que pueden llegar a ser algunos propietarios. He ido un par de veces con mis amigos poetas/editores, de Cleveland, John Burroughs y Dianne Borsenik y es divertidísimo. La mayoría de mis poemas es acerca de cómo mi mundo interior se cruza con mi mundo exterior –traumas emocionales y sanaciones, metafísica, amor, deseo, etc. Pero un poema puede ser sobre cualquier cosa.

RAP: ¿Cuáles son sus poetas preferidos?

CB: Robert Hass es y siempre será mi poeta favorito. Él también ha sido mi mentor y amigo durante casi 25 años. Encuentro su obra infinitamente rica e inspiradora. Si tuviera que elegir el trabajo de un poeta para llevar a una isla desierta, sería la suya. Me encanta el poeta sueco Tomas Transtromer. El poeta irlandés John O’Donoghue. Emily Dickinson. John Donne. Whitman. Joy Harjo. Y por supuesto William Carlos Williams. También tengo un montón de amigos poetas cuya obra me encanta –realmente son demasiados para nombrar, pero aquí unos pocos representantes, muchos de ellos también son editores y productores de eventos, así como los poetas y artistas: Joan Stepp Smith y Lynn Alexander son voces sorprendentemente frescas y únicas; George Wallace es un virtuoso con una gama aparentemente ilimitada y un artista increíble. Paulette Turcotte, un escritor canadiense y artista –que ha publicado recientemente el libro Bride of Sorrows -una obra de arte, donde combina su poesía y su arte visual. Mike Finley, Paul Corman-Roberts, John Burroughs, Dianne Borsenik, Stephen Ellis… Podría seguir.

RAP: Cuéntame un poco acerca de su primer poemario publicado  blood oranges (Night Ballet Press, 2011)

CB: blood oranges fue mi primer chapboook y fue nominado al Pushcart Prize. Como todo mi trabajo, blood oranges es autobiográfico, comenzando con un poema titulado “poem to my baby feet” que escribí en respuesta al ver un certificado de nacimiento con mis huellas de bebé en él. Contiene poemas escritos durante un período de 20 años que reflejan mi experiencia de ser mujer en este planeta. Toca las experiencias que las mujeres tenemos en común: la relación entre lo misterioso y lo oculto, la vida doméstica, la maternidad, las heridas de la infancia, el arraigo en el cuerpo y sus ciclos, el amor, la pérdida, el deseo. En definitiva, yo diría que se trata sobre la Femenina Divina, encarnada.

RAP: ¿Cómo ve la poesía estadounidense actual?

CB: Bueno, no sé si estoy calificada para responder – yo soy una abuela ocupada apoyando una familia joven y no puedo darme el lujo de seguir el cauce de nuestra poesía. Mi perspectiva también puede ser única, puesto que tengo un PhD de U.C. Berkeley con una tesis en poesía y poéticas inglesa del siglo XX, pero resulta que no terminé siendo asociada a la Academia. Desde donde me encuentro, hay una separación radical entre los poetas académicos (los asociados con prestigiosas universidades y programas MFA) y los que creo que, a falta de un término mejor, los poetas populares.  Mi poesía es la popular, aunque la maravillosa poesía ocurre en ambos mundos. Pero hay una gran diferencia en términos de recompensas medibles y reconocibles en la cultura mayor –los poetas académicos cuyo mundo está estructurado para que reciban los grandes premios, los trabajos lucrativos de enseñanza, los poemas publicados en The New Yorker, etc. Y eso ocurre a muy pocos. Así que en cierto modo, la poesía de Estados Unidos refleja la economía de Estados Unidos: unos pocos consiguen las altas recompensas. Lo cual es triste. Dicho esto, el mundo de la poesía popular es fecundo más allá de su imaginación, tiene mucho de lo que pienso como poesía de micro climas, aunque sólo en el área de la bahía de San Francisco -y creo que es el lugar para estar y el lugar para ver. Sobre todo considerando el camino tradicional (es decir las multinacionales editoriales) está muriendo como un modelo de negocio y las prensas pequeñas, independientes, y basadas en la web surgen y proliferan. Estamos en una encrucijada muy interesante y fructífera. Es un tiempo emocionante para ser un poeta.

RAP: Usted escribió un ensayo sobre el trauma infantil como fuente de obsesiones poéticas de William Carlos Williams. ¿Qué me puede contar sobre este ensayo y sobre la figura del poeta?

CB: Este ensayo fue mi tesis doctoral: Myself in the Teeth of the World: Childhood Trauma and Self-Healing in William Carlos Williams. Williams ha habitado un lugar poderoso en mi psique y en mi imaginación creativa desde la infancia.  Mi padrastro era el poeta de Black Mountain Edward Dorn; Williams era el modelo poético a imitar para esa generación, modelando su trabajo y también rebelándose contra él, así que escuché su nombre una y otra vez cuando se sentaban a hablar. En la escuela de postgrado hice un estudio independiente con James E.B. Breslin, quien fue uno de los eruditos que puso a Williams en el mapa en la Academia y quien escribió lo que sigue siendo uno de los mejores libros sobre él. He leído todo lo que Williams escribió (y eso es mucho) más la biografía de  Mariani, además de todas las tesis que exploraron su trabajo relacionado con las artes visuales. Creí que podía añadir algo a ese hilo crítico, puesto que había visto cómo sus técnicas poéticas a veces reflejaban las técnicas pictóricas modernistas que me habían enseñado en la Escuela de Arte, y eso me fascinó.

En cambio descubrí que Williams había experimentado una infancia traumática, que minimizó en su autobiografía, pero es evidente en todo su lenguaje poético, y que su biógrafo también ignoró, reduciendo al mínimo las experiencias vitales y así promulgó una visión inexacta de los motivos que lo llevaron a ser escritor.

También me di cuenta de que un gran número de sus poemas fueron sobre la familia, su madre, su padre, etc. Y que una lectura minuciosa de esos poemas también evidencia una lucha con el trauma infantil.

Williams era en esencia autobiógrafo, en todos los géneros que exploró.

Y a menudo directo, el mismo se describe como “divided self”, dado sus frecuentes episodios de depresión y arrebatos de furia.

Lo que me interesó era 1) cómo ningún erudito había escrito nada sobre esto y 2) lo mal que estaba siendo enseñado el trabajo de Williams (y sigue siendo) porque nadie se había dado cuenta lo que estaba en el centro de su impulso poético.

En las universidades, Williams se enseña principalmente como un objetivista y como un observador desapasionado, clínicamente objetivo de la vida humana. En cierto modo, el propio Williams lo estableció así por medio de su propia retórica. Pero esa visión de él es sólo la punta del iceberg. Es reductivista.

En el proceso de investigación y redacción de la tesis exploré la relación de Williams con su padre y madre a través de la lente de la teoría de las relaciones del objeto (que es acerca de cómo nos desarrollamos como niños en respuesta a lo que se refleja en nosotros por nuestros padres), así como las teorías sobre la psicología de la raza y la inmigración. La madre de Williams, Elena, era una mujer puertorriqueña de la burguesía cosmopolita, una artista talentosa que había estudiado en París. Era muy independiente y se casó tarde, en mi opinión sólo porque su familia cayó en tiempos de dificultades económicas y se vio obligada a ello. Como resultado de su matrimonio, ella se trasladó a un pequeño pueblo de Nueva Jersey –el último lugar en el mundo en que quería estar. Esto ocurrió en la década de 1880, que fue un período de extrema xenofobia y de un virulento sentimiento anti-inmigrante en los EE.UU., particularmente en la Costa Este donde vivía la familia Williams. Gente de lugares como Puerto Rico fueron representados en los medios populares como monos de personajes de dibujos animados. En lugar de adaptarse a su nuevo hogar, Elena se mantuvo aparte, se negó a aprender Inglés, y participó en sesiones de espiritismo y espiritualismo. Cuando él era pequeño ella cayó en recurrentes episodios de “posesión de espíritus” que lo aterraban.

Toda la historia es fascinante, y por supuesto no tengo espacio para contar todo esto aquí, pero en última instancia, sostuve que su obsesión con el idioma americano y su deseo de ser el poeta norteamericano del siglo XX fue una manera de corregir ese mal originario que le había hecho a su madre y de encontrar su propio lugar en una cultura que lo excluía. Y sostuve que la obsesión de Williams con la propia forma era un modo de encontrar la estructura para su propia psique dividida. Un libro que usé para explorar su poética que los lectores interesados en Williams podrían amar es The Spanish-American Roots of William Carlos Williams del poeta Julio Marzan. Marzan sostiene que la poética de Williams estaba basada en la poesía latinoamericana del siglo XVII, y que su proyecto verdadero era traer la tradición literaria latinoamericana a la cultura norteamericana dominante. Es un libro brillante y muy legible.

RAP: A los cinco años tuvo la oportunidad de conocer al novelista y poeta Jack Kerouac, uno de los grandes exponentes de la Generación Beat. ¿Háblame de ese maravilloso encuentro con Kerouac?

CB: Ah, sí. Fue un encuentro mágico para mí –alimentó mi corazón, mi alma y mi imaginación creativa. En mi familia lo llamábamos “Happy Jack”. Organizó una reunión de fin de semana de escritores y artistas a lo que creo que, después de algunas investigaciones, que fue en la cabaña de Gary Snyder en el condado de Marin, California, donde se quedaba entonces. Mi padrastro y mi madre llevó a mis dos hermanos y a mí. Después de un rato entré en la cocina donde Happy Jack estaba teniendo una conversación con algunos adultos. Él y yo nos pusimos a hablar y él descubrió que amaba los caballos. Me habló de un magnífico semental rojo brillante que sólo pedíamos ver en la madrugada y me preguntó si quería que me llevara a verlo. Dije que sí. A la mañana siguiente me despertó un poco antes del amanecer, con chocolate caliente esperando. Todo el mundo estaba durmiendo. Mientras caminábamos juntos a través del paisaje en la pradera donde estaba el semental, me fue describiendo esta criatura mitológica. No te diré lo que vi cuando llegamos allí, pero si deseas leer la historia, lo encontrarás aquí, en Polarity eMagazinehttp://www.poembeat.com/fall2010/buck.html.

RAP: Fuera de Estados Unidos, sé que ha pasado tiempo en Inglaterra y en España. ¿De qué manera estos paisajes y culturas han influido en su poesía?

CB: El mejor lugar para encontrar respuestas a esas preguntas es en mi memoria todavía no publicada: Unnecessary Turns: Growing Up Beat. Nos mudábamos a menudo. Por ejemplo, entre mis 2-1/2 y 5 años de edad, vivimos en 14 sitios diferentes y en ambas costas de los Estados Unidos a causa de esa transitoriedad bohemia esencial, y porque mi familia era “Beatniks” por lo que nunca estuve en casa en ninguna parte. Mi cultura era la subcultura de los Beats -mi madre y las conexiones literarias y artísticas de mi padrastro -no la cultura estándar estadounidense que existía en los lugares que nos tocó vivir en aquel entonces. Esa subcultura no era aceptable para las personas que vivían en los lugares por donde pasamos y yo estaba marcada por ella. Por lo tanto, siempre fui un outsider, en todas partes, donde aterrizáramos.

El lugar donde pase más tiempo de niña fue en Pocatello, Idaho –desde los 10 años a los 14 años. En 1965, Dorn obtuvo una beca Fulbright para enseñar en la Universidad de Essex, y por tanto nos movimos de Pocatello a Colchester, Essex, Inglaterra. El cambio de la luz y paisaje fue un choque enorme para mí. Había pasado la mayor parte de mi infancia en el Oeste y estaba acostumbrada a las montañas y desiertos altos del país, y a estar afuera en espacios abiertos bajo un amplio cielo. Inglaterra se sentía encerrada, fría, oscura y extraña para mí, y tuve un tiempo muy difícil de adaptación a la escuela inglesa y el entorno social de mis compañeros.

Debido al sistema inglés, creo que tuve mucha mejor educación secundaria que la que tendría en los Estados Unidos -el sistema inglés estaba enfocado profundamente en las especialidades y cuando llegué a lo que habría sido mi tercer año de secundaria de Estados Unidos los estudios eran de nivel universitario, fácilmente… Por tanto tenía una especie de estímulo intelectual que me sirvió bien. También aprendí y me fue muy cómodo el francés. Pasé tres semanas con una familia en París y 3 semanas en Florencia mirando arte. Ese tipo de experiencias es invaluable.

Fuimos a Sitges, Barcelona, España, en 1968, el invierno antes de que cumpliera 17, después de que Dorn dejó a mi madre por una de sus estudiantes. Él fue el amor de toda la vida de mi madre y cuando lo perdió fue en extremo profundo. Sitges es un hermoso pueblito de Costa en la costa española, al sur de Barcelona. Como Ibiza, atrajo a artistas expatriados de toda clase. Mi madre pensó que si iba allí, y aprendía el idioma, sería capaz de reparar su corazón roto. En España hemos vivido la vida disoluta de expatriados -montones de bebidas y de tiempo en la playa y ninguna estructura de cualquier tipo. Tengo mi francés y poco a poco aprendí a hablar español, que es el idioma de mi corazón. La luz allí era maravillosa –abrió mis ojos, y allí aprendí a dibujar. La sensibilidad a la luz y lo visual impregna mi trabajo hasta ahora. Me encantaba y no quería irme. Mi madre no aprendió la lengua (aunque mi hermano Paul y yo si lo hicimos) y su corazón roto no se repuso bastante pronto. A finales del año fue golpeada por un carro mientras ella y yo estábamos caminando por la calle principal del pueblo. El pueblo tenía sólo una pequeña clínica. Curaron a mi madre lo mejor que pudieron y la depositaron en mi habitación, en la planta de arriba de nuestra casa. Lavé la sangre de su suéter amarillo mantequilla. Pasé el fin de semana mientras ella volvía y perdía el conocimiento una y otra vez, tratando de tranquilizar a mi hermanito diciéndole que todo iba a estar bien. En verdad, creía que moriría. No había ningún doctor en Sitges durante el fin de semana, y eso pasó un viernes. El lunes el hombre que la había golpeado (y se había ido) vino y nos encontró y la llevó a una clínica en Barcelona. Me quedé en la clínica con ella, y el hombre recibió a mi pequeño hermano mientras ella estaba hospitalizada.

Tenía 17 años, mujer en la España de Franco, simplemente tratando de adquirir fluidez en español, y sola, responsable de una madre herida y un hermano de catorce años. Mi madre sobrevivió, y después de un par de meses se repuso de todas sus heridas y me hizo llamar a Dorn, que vivía ahora en Nuevo México con su amante, para pedirle que nos visitara de modo que tuviéramos un hombre que representara nuestros intereses cuando traté de lidiar con las cuestiones legales y de seguros. En cambio, nos recogió y nos movió a Gloucester, Massachusetts porque es donde Charles Olson, el mentor de los poetas de Black Mountain, vivía. Era el pleno invierno; mi madre se recuperaba, y todavía estaba en estado de shock. Nos abandonó en un motel en medio de una tormenta de nieve. Uno de muchos traumas esenciales de mi adolescencia, este acontecimiento probablemente impregna mi trabajo como una corriente submarina, ambos de herida y de curación. No necesariamente es cultural en sí, pero ya que lo que escribo es autobiográfico, es una clave de mi temática.

RAP: Usted tiene una BFA en pintura por la universidad de Massachusetts College of Art and Design (MassArt), y ha ganado varios premios por su arte visual y su poesía.  Ahora, ¿cómo describiría su proceso de escritura? ¿se diferencia de su proceso antes de iniciar una nueva pintura?

CB: En algunos aspectos, son muy similares, en el sentido de que como pintora y poeta mi proceso es tomar y responder al medio ambiente que me rodea. Soy una escritora visceral y visual –tengo que verlo y sentirlo antes de que llegue a la página. Luz, imagen, composición, movimiento todo puede desovar en poemas, así como una línea que aparece en mi cabeza o un ritmo que aparece en mi cuerpo. Pero allí terminan las similitudes en el proceso. Como una pintora puedo decir “hoy voy a hacer una pintura, o comenzar una serie de pinturas, o voy a dibujar, o garabatear” y puedo ir a la lona o al pedazo de papel y hacer algo. No necesitas inspiración. Puede ser una cuestión de disciplina. De esa manera, la pintura es una actividad más externa a quién soy en mi corazón.

Con los poemas no es así. He intentado escribir poemas “Porque soy una poeta así que eso es lo que debo hacer” y no puedo hacerlo. Lo que resulta de tales ejercicios es… el resultado de un ejercicio. Para mí, la poesía brota de dentro y estas demandas son liberadas en la página. Es una respuesta a un fuerte sentimiento, o algo que veo o escucho ya sea dentro o fuera de mí misma. Muchos de mis poemas recientes surgen de visiones casi chamánicas que vienen a mí cuando estoy haciendo mi trabajo de sanación meditativa. Algunos de los poemas vienen a mí cuando estoy en el borde del sueño y tengo que levantarme y escribirlos.

El poema central en mi más reciente chapbook talisman –titulado “test pattern” - es un poema en quince secciones sobre las relaciones amorosas fallidas con los hombres en el transcurso de mi vida.

Las dos primeras secciones son sobre mi padre, que me abandonó, y mi padrastro, que me maltrataba. Ese poema me vino cuando me estaba quedando dormida, obsesionada del por qué aunque soy una romántica y me enamoro profunda y fácilmente, el amor siempre terminó mal para mí. Lo vi, en su totalidad, revoloteando en mi visión como un móvil de Calder con las secciones sobre mis “padres” balanceadas. Yo salté de la cama y  escribí en una sentada el poema. Apenas si revisé. A veces ellos vienen justo cuando necesitan existir en la página.

Mis poemas vienen a  mí cuando necesitan ser cortados. Soy una escritora desordenada y muy a menudo cuando algo necesita ser revisado significa que necesito cortar radicalmente.

Puedo tener un poema que empieza llenando una página entera de un cuaderno, pero termina con muy pocas líneas y corto –tengo que cortar hasta el hueso para llegar a la esencia. Con la pintura es lo contrario: es una cuestión de construcción de un bosquejo.

RAP: ¿Ha pensado en una convivencia de las dos –pintura y poesía?

CB: Sí, absolutamente. En mi vida de fantasía quisiera tener un buen estudio, grande, donde pintaría grandes lienzos con palabras, así como imágenes. Me encanta el trabajo de Joy Harjo. Uno de sus poemas más conocidos se titula “She Had Some Horses”, que combina lo sagrado, histórico, cultural, la angustia, la rabia y el uso de caballos como motivo de una forma que me pone la piel de gallina cada vez que lo leo. Durante mucho tiempo he querido hacer una serie de pinturas basadas en el poema. Quizás algún día lo haga.

RAP: ¿Cuál fue el punto de partida para la composición de su nuevo libro de poemas desire lines (Crisis Chronicles Press , 2012)?

CB: desire lines es mi segundo chapbook  (talisman es mi más reciente, publicado por NightBallet Press en abril de 2013), y es un compañero de blood oranges. Reuní los libros al mismo tiempo, uno para  NightBallet y otro para Crisis Chronicles Press. Son de la misma masa de trabajo -ambos contienen poemas que se remontan a hace 20 años,   blood oranges bordea en lo místico –es esencialmente sobre la femenina Divina. desire lines es visceral y habla más sobre la experiencia del deseo. El poema que da título al libro “desire lines” surgió de una conversación que tuve con una colega poeta y estudiante de posgrado a comienzos de mi estancia en Berkeley. Ella señaló un pequeño sendero que iba desde una acera a otra, atravesando una zona de hierba en el campus. Ella estaba tomando una clase de diseño urbano y me dijo esos caminos fueron llamados “desire lines” en esa disciplina –indican lugares donde no importa lo que los planificadores habían previsto cuando marcaron los espacios de la ciudad, la gente siguió a su corazón, caminaban de la forma en que quería, y crearon un nuevo camino. Si suficientes personas sintieran lo mismo, el camino sería tan permanente como la acera. Estas son las “desire lines”. Mi libro es sobre esto. Es sobre estar enamorado – de un hombre, del paisaje, de la idea del amor, de los sueños –y deseando lo que no puedes tener o mantener, pero igual quieres.

RAP: Finalmente, ¿en qué proyectos actuales está trabajando?

CB: Ahora mismo estoy entre sueños. Por lo que he creado un blog titulado between dreams donde exploro ese espacio en barbecho de lo que fuimos y lo que pensábamos que seríamos parece haber terminado o está cambiando radicalmente,  y todavía no hemos encontrado la siguiente parte del camino.  Estoy en una encrucijada en la vida. Soy muy joven, tengo 62 años, pero estoy en la cúspide de “la vejez”.   No he llevado a cabo todo que intenté llevar a cabo. Yo realmente no creo en el envejecimiento, pero estoy descubriendo que también me estoy desacelerando y los sueños que tenía cuando era una mujer más joven probablemente no vayan a ocurrir ahora, al menos no en la forma en que imaginaba yo que sería. Lo que estoy trabajando es dejarme Incubar en la oscuridad durante un tiempo para emerger al otro lado de una forma nueva y auténtica. ¿Habrá más libros de poesía? Sí.  ¿Publicaré mis memorias? Espero logarlo. Tengo una serie de libros infantiles que me gustaría finalizar y publicar. Trabajo para conseguir publicar mi tesis. Y tengo la intención de desarrollar y ampliar mi práctica de curación/orientación metafísica. Entretanto, estoy desempleada y en la posición de tener que apoyar a una familia joven  –mi hija y nieta- conseguir tan pronto pueda un nuevo trabajo es mi principal prioridad.

I have two answers to that – one is what poetry is to me if I’m writing it, and the other is what poetry is to me if I’m reading it. If I’m writing poetry, it’s a way to 

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What is poetry for Chansonette Buck?

I have two answers to that – one is what poetry is to me if I’m writing it, and the other is what poetry is to me if I’m reading it. If I’m writing poetry, it’s a way to inhabit and evoke the intersection between life lived in the body and the Divine Self that transcends and contains that life. It’s a response to deep, powerful feelings in a moment in time that cannot be expressed any other way, yet must be expressed. It’s obedience to the call of a line or rhythm that presents itself in the mind/body to be written down, and it is the result of that obedience. It’s an attempt to get at the core of what really matters to me, and to evoke that core so it lives in those lines for others to experience. It’s the intersection between the autobiographical/personal and the universal. It’s a response to beauty, or pain, or joy, or something that strikes my funny-bone. It’s a form that chooses to come through me in its own time and in its own way. It’s a place of absolute freedom. If I’m reading poetry, it’s a place of solace, wonder, meditation, and a way to experience the world through somebody else’s soul and somebody else’s music and vision.

From your point of view: what may reflect the poem?

I think of a poem as a momentary mirror of the poet’s consciousness. The poem can reflect anything. As far as I’m concerned there are no boundaries around what is possible in poetry or what subject matter is appropriate to the form. That’s one of the reasons I love it so much. You can make a poem from anything. I have one poem — I think of it as a “found poem” — constructed entirely from a conversation I overheard at Starbucks between a seasoned carpenter and a young contractor, about what idiots homeowners can be. My Cleveland poet/publisher friends John Burroughs and Dianne Borsenik performed it together a couple of times and it’s hilarious. Most of my poems are about how my inner world intersects with my outer world – emotional trauma and healing, metaphysics, love, longing etc. But a poem can be about anything.

Who are your favorite poets?

Robert Hass is and always will be my favorite poet. He has also been my mentor and friend for nearly 25 years. I find his work endlessly rich and inspiring. If I had to choose just one poet’s work to take to a desert island, it would be his. I love the Swedish poet Tomas Transtromer. Irish poet John O’Donoghue. Emily Dickinson. John Donne. Whitman. Joy Harjo. And of course William Carlos Williams. I also have a lot of poet friends whose work I love – really too many to name, but here a representative few, many of them are also publishers and event producers as well as poets and performers: Joan Stepp Smith and Lynn Alexander are astonishingly fresh and unique voices; George Wallace is a virtuoso with seemingly limitless range, and an amazing performer. Paulette Turcotte, a Canadian writer and artist, recently published Bride of Sorrows – the book –  itself a work of art — combines her poetry and her visual art. Mike Finley, Paul Corman-Roberts, John Burroughs, Dianne Borsenik, Stephen Ellis… I could go on and on.

Tell me a bit about your first book blood oranges (Night Ballet Press, 2011).

blood oranges was my first chapboook and was nominated for a Pushcart Prize.   As with all my work, blood oranges is autobiography, beginning with a poem entitled “poem to my baby feet” that i wrote in response to seeing a birth certificate with my baby footprints on it. It contains poems written over a period of 20 years that reflect my experience of being a woman on the planet this lifetime. It touches on experiences women have in common – the relationship to Mystery and the Unseen, domestic life, daughterhood and motherhood, childhood wounding, rootedness in the body and its cycles, love, loss, longing. Ultimately I’d say it’s about the Divine Feminine, embodied.

How do you see the current American poetry?

Well, I don’t know that I’m qualified to answer that – I am a busy gramma  supporting a young family and I don’t have the luxury of keeping up. My perspective may also be unique, in that I have a PhD in English from U.C. Berkeley with a concentration in 20th century poetry and poetics, but as it happened I didn’t end up being associated with the academy. From where I sit it seems there is a radical split between the academic poets (the ones associated with prestigious universities and MFA programs) and what i think of, for lack of a better term, as grass-roots poets.  My poetry world is the grass-roots one.  Wonderful poetry happens in both worlds. But there is a big distinction in terms of measurable and recognizable rewards in the larger culture – it’s the academic poets whose world is structured so that they get the big prizes, the lucrative teaching jobs, the poems published in The New Yorker, etc. And that happens for the very, very few. So in a way, U.S. poetry reflects U.S. economics: the very few get the high rewards. Which is sad. That said – the grass-roots poetry world is fecund beyond your wildest imagination — it has so many of what i think of as poetry micro-climates, even just in the San Francisco Bay Area — and I think that’s the place to be, and the place to watch. Especially considering the way traditional (i.e. multinational corporate) publishing is dying as a business model and small, independent, and web-based presses are emerging and proliferating. We’re at a very interesting and fruitful crossroads. It’s an exciting time to be a poet.

You wrote an essay on childhood trauma as the source of poetic obsessions in William Carlos Williams. What can you tell me about this trial and about the figure of the poet?

The essay was my PhD dissertation: Myself in the Teeth of the World: Childhood Trauma and Self-Healing in William Carlos Williams. Williams has inhabited a powerful place in my psyche and creative imagination since childhood. My stepfather was Black Mountain poet Edward Dorn; Williams was a poetic role model for that generation, who were modeling their work on his and also rebelling against him, so I heard his name over and over as they sat around talking. In graduate school I did an independent study with James E.B. Breslin, who was one of the scholars who put Williams on the map in the academy and who wrote what is still one of the best books about him. I read everything Williams wrote (and that’s a lot) plus the Mariani biography, plus all the scholarship that explored his work through a lens of his relationship to the visual arts. I thought I was going to add to that critical thread, because I had seen how his poetic techniques at times mirrored the modernist painterly techniques I had been taught as an art student, which fascinated me.

Instead I discovered that Williams had experienced a traumatic childhood, which he downplayed in his Autobiography but which was everywhere evident in the language in which he did so, and that his biographer had ignored his language and believed his minimizing of those experiences and so had promulgated an inaccurate view of what drove him as a writer. I also noticed that a huge number of his poems were about family, his mother, his father, etc. And that a close-reading of those poems also held evidence of grappling with childhood trauma. Williams was in essence an autobiographer, in every genre he explored. And he was often forthright about what he described as his “divided self,” frequent bouts of depression and fits of rage. What interested me was 1) how no scholar had written anything about that and 2) how mistaught Williams was (and still is) because nobody had noticed what was at the core of his poetic impulse. In the universities, Williams is taught primarily from the lens of his (very brief) sojourn as an Objectivist, and as a dispassionate, clinically objective observer of human life. In some ways Williams himself set it up that way by means of his own rhetoric. But that view of  him is just the tip of the iceberg. It’s reductive.

In the process of researching and writing the dissertation I explored Williams’s relationship with his father and mother through the lens of object relations theory (which is about how we develop as children in response to what is mirrored to us by our parents) and also theories about the psychology of race and immigration. Williams’s mother, Elena, was a cosmopolitan upper class Puerto Rican woman, a talented artist who had studied in Paris. She was very independent and married late, in my view only because her family fell on hard economic times and she had to. As a result of her marriage, she relocated to a small town in New Jersey – the last place in the world she wanted to be. This occurred in the 1880s, which was a period of extreme xenopobia and racialized anti-immigration sentiment in the U.S. — particularly virulent on the Eastern Seaboard where the Williams family lived. People from places like Puerto Rico were represented in the popular media as cartoon-character monkeys. Instead of adapting to her new home, Elena kept herself apart, refused to learn English, and engaged in spiritualism and seances. When Williams was little she often fell into episodes of “spirit possession” that terrified him.

The whole story is just fascinating, and of course I don’t have space to tell it here – but ultimately I argued that his obsession with The American Idiom and his desire to be The American Poet of the 20th Century was a way of redressing that originary wrong that had been done to his mother, and of finding his own place in a culture that excluded him. And I argued that Williams’s obession with form itself was a way of finding structure for his own divided psyche. One book I used for exploring his poetics that your readers interested in Williams might love is The Spanish-American Roots of William Carlos Williams by poet Julio Marzan. Marzan argues that  Williams’s  poetics were based on 17th-century Latin American poetry, and that his true project was to bring Latin-American literary tradition into mainstream North American culture. It’s a brilliant book and very readable.

At age five, he had the opportunity to meet the novelist and poet Jack Kerouac, one of the great exponents of the Beat generation. Tell me about this wonderful meeting with Kerouac?

Ah, yes. That was a magical encounter for me – it fed my heart, my soul, and my creative imagination. In my family we called him “Happy Jack.” He hosted a weekend gathering of writers and artists at what I believe, after some research, to have been Gary Snyder’s cabin in Marin County, California, where he was staying at the time. My stepfather and mother brought my two brothers and me along. After a while I wandered into the kitchen where Happy Jack was having a conversation with some adults. He and I got talking and he discovered I loved horses. He told me about a magnificent brilliant red stallion that we could only see at dawn and asked if i wanted him to take me to see it. I said yes. The next morning he woke me a little before dawn, with hot chocolate waiting. Everybody else was sleeping. As we hiked together through the landscape to the meadow where the stallion would be, he was describing this mythological creature to me. I won’t tell you what I saw when we got there, but if you’d like to read the story, you can find it here, in Polarity eMagazine: http://www.poembeat.com/fall2010/buck.html

Outside the United States, I know that he has spent time in England and Spain. How these landscapes and cultures have influenced his poetry?

I guess the best answer would be that since I write autobiography, whatever has made me who I am has influenced my poetry. The best place to find answers to those questions is in my not-yet-published memoir, Unnecessary Turns: Growing Up Beat. We moved often. For example, between my ages 2-1/2 and 5, we lived in 14 different places, and on both coasts of the U.S. Because of that essential bohemian transience, and because my family were “Beatniks” I was never at home anywhere. My culture growing up was the subculture of the Beats — my mother and stepfather’s  literary and artistic connections — not the standard U.S. culture that existed in the places we happened to live at any given moment. That subculture was not acceptable to the people who lived in the places we passed through and I was marked by it. So I was always an outsider, everywhere we landed.

The longest place I ever lived anywhere as a child was Pocatello, Idaho – from age 10 to age 14. In 1965, Dorn got a Fulbright grant to teach at Essex University, and so we moved from Pocatello to Colchester, Essex, England. The change in the light and landscape alone was a huge shock to me. I had spent most of my childhood in the West, and was used to mountains and high-country desert, and to being outside in open spaces under a wide sky. England felt closed in, cold, dark, and foreign to me, and I had a very hard time adjusting to English school and the social environment of my peers.  Because of the English system, I believe I had a much better high school education than I would have in the U.S. — the English system focused deeply in the subject areas and by the time I reached what would have been my junior year in U.S. high school the studies were college level, easily. So I had a kind of intellectual stimulation that would serve me well. I also learned and became very comfortable with French. Spent 3 weeks with a family in Paris, and 3 weeks in Florence looking at art. Those kinds of experiences are invaluable.

We went to Sitges, Barcelona Spain in 1968, the winter before I turned 17, after Dorn left my mother for one of his students. He was the love of my mother’s life and when she lost him she went over the deep end. Sitges was a beautiful little seacoast town on the Spanish Riviera, just south of Barcelona. Like Ibiza, it attracted artsy expatriates from pretty much all over. My mother thought if she went there, and if she learned the language, it would mend her broken heart.  In Spain we lived the dissolute expatriate life – lots and lots of drinking and time on the beach and no structure of any kind. I got by on my French and gradually learned to speak Spanish, which is the language of my heart.

The light there was wonderful – it opened my eyes, and there I learned to draw. That sensitivity to light and to the visual permeates my work even now. I loved it there and didn’t want to leave. My mother didn’t learn the language (though my brother Paul and I did) and her broken heart didn’t mend soon enough. Late in the year she was hit by a car while she and I were walking down the main street in the village. The village had only a tiny clinic. They patched my mother up the best they could and deposited her in my bedroom on the upstairs level of our house. I washed the blood out of her butter-yellow sweater. I spent the weekend tending her while she went in and out of consciousness and trying to reassure my little brother that eveything was going to be okay. In truth, I thought she would die. There were no doctors in Sitges on the weekend, and this happened on Friday. On Monday the man who had hit her (and driven away) came and found us and took her to a clinic in Barcelona. I stayed at the clinic with her, and the man hosted my little brother while she was hospitalized.

I was 17, female in Franco’s Spain, just becoming fluent in Spanish, and alone, responsible for an injured mother and a 14-year-old brother.  My mother survived, and after a couple of months of recovering from her injuries she had me call Dorn, who was now living in New Mexico with his lover, to ask him to visit so that we would have a male representing our interests as I tried to deal with the legal and insurance issues. Instead, he packed us up and moved us to Gloucester, Massachusetts because that’s where Charles Olson, the mentor of the Black Mountain poets, lived. It was midwinter; my mother was still recovering, and still in shock. He left us in a motel in the middle of a snowstorm. One of (many) core traumas in my early life, this event probably permeates my work as an undercurrent, both of wounding and of healing. It’s not necessarily cultural per se, but since I write autobiography, it is one key to my subject matter.

How would you describe your writing process? is it different from your process before starting a new painting?

In some ways they are very similar, in that as a painter and as a poet my process is to take in and  then respond to the environment around me. I am a visceral and visual writer – I have to see it and feel it before it gets onto the page. Light, image, composition, movement can all spawn poems, as well as a line that shows up in my head or a rhythm that shows up in my body. But there the similarities in process end. As a painter I can say “today I am going to make a painting, or begin a painting series, or I’m going to draw, or doodle” and I can go to the canvas or the piece of paper and make something. It doesn’t require inspiration. It can just be a matter of discipline. In that way, painting is an activity more external to who I am at my core.

Not so poems. I have tried to write poems “just because I am a poet so that’s what I should do” and I can’t do it. What comes of such exercises is…the result of an exercise. For me, poetry wells up inside and demands to be released onto the page. It’s a response to strong feeling, or something I see or hear either inside or outside myself. Many of my recent poems arise out of almost shamanic visions that come to me when I’m doing my meditative healing work. Some poems come to me when I’m at the edge of sleep, and I have to get up and write them down.

The central poem in my newest chapbook talisman – entitled “test pattern” — is a poem in 15 sections about failed love relationships with men over the course of my lifetime. The first two sections are about my father, who abandoned me, and my stepfather, who abused me. That poem came to me as I was drifting off to sleep, obsessing about why even though I am a terminal romantic and love easily and deeply, love has always ended up with an ending for me. I saw it, in its entirety, hovering in my vision like a Calder mobile, with the sections about my “fathers” as the ones off which all the other sections balanced. I leapt out of bed and wrote it in one sitting. I barely revised at all. Sometimes they come just as they need to exist on the page.

More often my poems come needing to be cut and shaped.  I’m a messy writer and very often when something needs revising it means I need to cut radically. I can have a poem that starts out filling an entire notebook page but ends up with short and very few lines – I have to cut to the bone to get to the essence. With painting it’s the opposite — a matter of building up from a sketch.

You have thought of a coexistence of the two – painting and poetry?

Yes, absolutely. In my fantasy life I would have a nice big studio, where I would paint big canvases involving words as well as images. I love Joy Harjo’s work. One of her best-known poems is entitled “She Had Some Horses” — it combines the sacred, the historical, the cultural, heartbreak, and rage using horses as a motif in a way that gives me goosebumps every time I read it. I have long wanted to do a series of paintings based on that poem. Maybe someday I will.

What was the starting point for the composition of his new book of poems desire lines (Crisis Chronicles Press, 2012)?

desire lines is my second chapbook (talisman is my newest one, published by NightBallet Press in April 2013), and is a partner to blood oranges. I put those books together at the same time, one for NightBallet Press and one for Crisis Chronicles Press. They are from the same body of work — both of them contain poems going back 20 years as well as recent ones.  blood oranges borders on the mystical – it’s essentially about the Divine Feminine. desire lines is visceral and more about the experience of longing.The title poem “desire lines” is from a conversation I had with a fellow poet and graduate student early in my time at Berkeley – she pointed out a little trail that went from one sidewalk to another, cutting across a grassy area on campus. She was taking a class in urban design, and told me such paths were called “desire lines” in that discipline – they indicate places where no matter what the planners had intended when they laid out the city spaces, people followed their hearts, walked the way they wanted to, and created a new path. If enough people felt the same, the path would become just as permanent as the sidewalk. Those are desire lines. My book is about that. It’s about being in love – with a man, with landscape, with the idea of love, with dreams – and wanting what you may not be able to have or keep, but wanting it anyway.

Finally, what projects are you working on today?

Right now I’m between dreams. So I’ve started a blog entitled between dreams to explore that fallow space when who we were and what we thought we would become seems to have ended or is changing radically, and we have not yet found the next part of the trail. I’m at a crossroads in life. I’m very youthful, but I’m 62, at the cusp of “old age.” I haven’t accomplished everything I set out to accomplish. I don’t really believe in aging, but I’m discovering that even so I am slowing down and the dreams I had as a younger woman are probably not going to happen now, at least in the way I imagined they would. What I’m working on is allowing myself to incubate in the darkness for a bit so that I can emerge on the other side in a new and newly authentic form. Will there be more books of poetry? Yes. Will my memoir be published? I intend so. I have a children’s book series I’d like to finish and publish. I may work on getting my dissertation published. And I intend to develop and expand my metaphysical healing/counseling practice. In the meantime, I am between jobs and in the position of needing to support a young family – my daughter and granddaughter — so pretty soon getting a new day job will have to be my top priority.

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